Desde pequeña, mi madre me ha enseñado que el amor es un arma de doble filo.
Puede ser todo lo bonito que quieras, pero cuando acaba, es lo más doloroso.
El amor es una de las sensaciones más maravillosas que puedan existir, y según dicen solo tenemos tres verdaderos en la vida.
El primero es el primer gran amor, cuando eres demasiado inocente y te enamoras del primer idiota que pasa; el segundo viene cuando estás en la mismísima mierda y por así decirlo, te ayuda a salir de ella pero se marcha (como todos); y el tercero es el que viene después de todo el dolor, no para enseñarte nada, sino simplemente para que comprendas la belleza en el mínimo detalle.
No me preguntes cual he tenido yo, porque ni siquiera lo sé, supongo que los dos primeros. El segundo muchísimo más doloroso tras su partida.
Pero lo que si se es que no hay que cerrarse al amor, si, hay que mantener los "lutos" por así decirlo, pero también hay que volver a sonreír y no dejar de ser fuerte, pues es lo que nos enseñan todos los amores tras su partida, cada vez nos vamos haciendo un pelín mas fuertes.
Hay algunos que a veces no crean en el amor, esos son los que están más dañados, los que temen a que vuelvan a hacerles daño.
Y yo he estado en ese punto. En el punto de estar tan sumamente dolida que no me abría a nadie desconocido, que me daba miedo a que si me mostraba tal como era se marcharan, como me enseñó alguien de mi pasado.
He aprendido que si alguien quiere irse de tu vida, tarde o temprano se irá. Pero una cosa digo: podrá olvidarte esa persona, pero los recuerdos y las sonrisas son mucho más difíciles de olvidar.
Date cuenta que, una canción,un lugar,una fecha, un olor, incluso un libro pueden despertar cualquier recuerdo, y créeme los que creías de tu "amor verdadero" son los más difíciles de olvidar.